Pero es su letra, no
hay duda de eso. Podrá disimular cada vez que nos cruzamos por los pasillos, o
cuando tomamos el ascensor. Lo hace muy bien cuando está entre amigos, ni una
sola vez dirige una mirada hacia donde yo estoy. Su tono es neutro cada vez que
de mí algo requiere. Nunca me falla el instinto y este me dice que se trata de
él, son muchos años trabajando a su lado, nadie más sabe que hoy es mi
cumpleaños.
Quizás sea mejor no
llevarles la contraria cuando presentan un cuadro esquizofrénico. Este tipo
de enfermos mentales pueden llegar a ser sumamente agresivos. Fíjate cómo se
pasean por los pasillos sumidos en sus pensamientos. Parece que hablan con sus
teléfonos móviles, en realidad no hay nadie al otro lado de la línea. Lo de la
bata blanca es para despistar creando un ambiente de falsos conocimientos. Mi
consejo es que asientas a todo cuento dicen, te tomes la famosa pastilla y tras
mostrar la lengua te retires a tu rincón hasta que se olviden de ti.
La noche en un Casino
puede ser eterna o sumamente fugaz. Podría contar miles de historias que he
presenciado o, simplemente vivido en mi propia persona. Desde mi posición de Croupier he llegado a conocer a muchos
hombres a través de su lenguaje corporal o, verbal, también a mujeres, ellas no se quedan
atrás a la hora de pronunciarse. Un privilegio ser una mera espectadora de
primera fila.
El cinismo es uno de los platos que se sirve de distintas
maneras. La jactancia al venderse como un producto nuevo y original, desprestigiando
así al resto del mercado. Esto me lleva a pensar que una mesa de juegos no dista
mucho de la misma vida. Personajes que alardean, otros que se esconden… y
siempre están los que ven la oportunidad para desprestigiar al que esa noche ha
tenido un golpe de suerte o, jactarse de su buen actuar.
Por mi trabajo no me permito intimar con ningún cliente
dentro del local, pero, más de una vez me he tenido que contener para no saltar
a la primera, contrarrestando los argumentos con similar palabrería, eso sería
ponerme a la misma altura. Por lo tanto, agradezco que este puesto me ayude a
controlar mi parte temeraria y no quedar expuesta.
Llegado el momento de regresar a casa siento la necesidad de
regalarme una gran respiración profunda y exhalar ese pensamiento que mantengo
todo el tiempo:
“No te preocupes por lo que la gente piensa, no lo hacen muy
a menudo” del maestro del cinismo el Dr. House.
Dicen que cuando el tiempo apremia nos entra la prisa por
captar todos los recuerdos que una vez formaron parte de nuestro pasado. Nos apresuramos
en recoger con palabras, con imágenes todo lo que acompañó a nuestra vida. Una vez
hecha la recopilación nos damos cuenta de que fue una buena travesía donde se
coincidió con personas que marcaron un antes y un después.
Cuando Margarita me contrató para escribir sus memorias
pensé que se trataba de la chaladura de una anciana a punto de expirar. Lo
sorpresivo no solo estaba en este deseo, también en su lugar de residencia. Un
pueblo en el fin del mundo, naturaleza, caballos… Imaginé ese espacio en su
mejor momento y sentí toda la historia del lugar. No hay nada como empezar por
el principio, allí fue donde todo nació.
Ella estaba prometida cuando Mauricio se instaló en su vida
unas semanas antes de la primavera. De cómo todo lo planeado durante largas
temporadas se va al traste por un beso, así lo describe en su relato. Un beso
que le cambió las revoluciones del corazón haciéndose leyenda en ella. Pasada
la estación cada uno siguió por su camino, pero ya nada fue igual para ninguno
de los dos. Ella le entregó un camafeo para que nunca la olvidara y él le hizo
la canción más bonita que jamás se recordara.
No se volvieron a encontrar, nada sabe el uno del otro, sin
embargo, cada primavera ella recibe la misma canción, sin remite y sin más
señas en la carta que el dibujo de un reloj.
Puedo mirar al horizonte y verles en ese beso prometiéndose
la vida entera o, simplemente dejando que este se pose libre en los labios del
otro.
Tengo órdenes de que cuando ella muera envíe este libro
junto a una vieja llave a un tal Matisse, dice que él sabrá qué hacer y podrá
al fin entenderla. Al menos intentarlo.
Lo hemos adoptado
como un hijo más, hasta las vacaciones las planeamos de manera que no se
sienta desplazado. Es verdad que duerme fuera de la caravana, comprenda que un
San Bernardo de esa envergadura ocupa mucho espacio. Todo el mundo pone nombre
a sus mascotas, nosotros le hemos registrado dentro del libro de familia, bien
es cierto que hemos hecho un poco de trampa con los papeles. También le estamos
buscando una novia que no viva muy lejos del barrio, será una boda por todo lo
alto. Estoy segura de que a Canelo le gustará, ¿no cree doctora?