domingo, 31 de diciembre de 2023

ÚltimoDeseo

 


Mi participación en la propuesta "Deseos"

del blog de Ginebra Blonde.

Más participaciones AQUÍ.


 

Foto cortesía de Ginebra Blonde 


Obra de Ginebra Siddal


Todos somos dados a desear aquello que más nos gustaría. Mabela creció siempre elaborando una lista sin fin. Tenía un pozo de los deseos, uno que ella misma construyó. Cuando Sandalio nadó hasta el cielo de los peces, ella aprovechó la vieja pecera para llenarla de purpurina dorada, por eso de darle un toque mágico. Colaba su cabeza en un ritual algo ridículo y esbozaba su deseo en un susurro.

De niña deseó ser adoptada cuando discutía con sus padres, o hija única cuando lo hacía con sus tres hermanos. Además de pedir hasta la saciedad todo tipo de juguetes que anunciaban por TV. Durante la adolescencia deseó ser la chica más chic del instituto, otra de las tonterías que hoy en día la hace reír. O cuando deseó el mismo vestido que su mejor amiga para el día de su boda. Bobadas o caprichos mal gestionados.

Ya no desea nada de eso, ni siquiera que le toque el gordo en Navidad. Todo aquello se ha esfumado igual que su juventud.

Es NocheVieja, todo está listo para las campanadas. En un último balance, ella mira a su alrededor, a la familia que ha creado, a los suyos. Sosteniendo su olvidada pecera, retalla en voz alta su único deseo desde hace tiempo:

ojalá, estemos siempre juntos.


 

©Auroratris


Y con esta entrada aprovecho para dejaros mis mejores deseos para este Año Nuevo.

Que la salud, las musas, el amor, los sueños y todos vuestros deseos y proyectos, se cumplan a lo largo de este Año 2024.


FELIZ AÑO NUEVO!!!!

💫💫🥂🥂💫💫








Mi participación







sábado, 23 de diciembre de 2023

Navidad en Buena Compañía

 


 

Cada adorno es un deseo soltado al viento en un perfecto equilibrio que juega con la gravedad. En nuestra alma de malabarista se conjugan las energías de nuestro sueño y la vida. Así creamos un bonito árbol para cerrar el Año renovando nuestros buenos deseos, a toda esta Magia la llamamos Navidad.

 

Con mis deseos y los vuestros esta Navidad tiene su propia Magia.

Gracias por formar parte de ella.

🎄💫🎄

©Auro



Gracias, Mag 🎄💫

Gracias, Campirela 🎄💫


Gracias, Gine 🎄💫


Gracias, Dafne 🎄💫

Gracias, Alma 🎄💫

Gracias, Chema 🎄💫


Gracias, Flor 🎄💫

Gracias, Juanky 🎄💫

Gracias, Marina 🎄💫


Gracias, María Dorada 🎄💫


Gracias, Rita 🎄💫

Gracias, Dulce 🎄💫


Gracias, Agapxis 🎄💫


Gracias, Luni🎄💫


Gracias, Ester 🎄💫

Gracias, Milena 🎄💫

Gracias, Laura 🎄💫

Gracias, Cora 💫🎄





domingo, 3 de diciembre de 2023

Leyenda

 


Mi participación en la propuesta

del mes de Noviembre "Samhain",

del blog de Ginebra Blonde.

Más participaciones AQUÍ.




Obra de Rusty McDonald


 

Poco recuerdo de aquella noche. Desde entonces. no hay aniversario que no se celebre en el que yo no esté presente, pese al tiempo que ha pasado y seguirá pasando.  

Formábamos una pandilla de chicos y chicas, cinco miembros en total. Un número impar, que pronto dejó de serlo. Nos despedimos de nuestras familias y de su consentimiento, para pasar un fin de semana inolvidable en la vieja casita que mis padres tenían en la sierra. Durante ese finde también se celebraría Halloween. Tendríamos el escenario perfecto para nuestros juegos. Todo estaba preparado para que no ocurriera nada desagradable, pero pasó.

Una cabaña destartalada en medio del monte, juegos acordes a la noche, un ritual que vendría a definir nuestra capacidad de supervivencia, o en su caso de valentía. En la adolescencia todo es factible y así lo demostramos con aquella aventura.

No nos preocupó el frío con el que nos recibió aquella estancia, ni los desperfectos, tampoco las incomodidades que presentaba por doquier. Nuestras ganas de pasarlo bien obnubilaron el resto. Nos dispusimos a instalarnos todos juntos en el salón, donde una gran chimenea todavía podía hacer las veces de hogar y recogimiento. Entre risas y bromas fuimos repartiendo enseres y tareas. Todo estaba preparado para cuando cayera la tarde y la noche se hiciera palpable en medio de aquel páramo. Nos disfrazamos para que todo fuese acorde a ese momento.

Tras la cena empezó la ronda de atrevimientos, acompañados por unos tragos de alcohol. Luego vendrían las historias terroríficas, que a todos nos provocaban más risas que terror. Nunca llegamos a esa parte porque sucedió lo que nadie pudo imaginar que ocurriera, aun sabiendo que aquello se pudo haber evitado.

La prueba atrevida que me tocó consistía en rodear la casa cuatro veces, golpear la puerta en cada vuelta nombrando a cada uno, hasta completar el ciclo. Dicho y hecho. Tan solo llevaba un traje fantasmagórico, una peluca despeinada de un color indefinible y unas ramas muy graciosas (hasta ese momento) para recrear un personaje desenterrado. Y con esa indumentaria me dispuse a correr, como alma que lleva el diablo, para acabar cuanto antes con esta locura, después de todo me estaba dando un poco de cague el intento.

Las dos primeras vueltas fueron divertidas, les oía reír cuando golpeaba la puerta de la entrada a la vez que repetía un nombre casi sin aliento. Dos más y el turno pasaría a alguno de ellos. Llegó la tercera vuelta repitiéndose la misma secuencia. Pero algo ocurrió en la última que, hoy en día, no sé describir, identificar o definir…

Nunca llegué a pronunciar el último de los nombres. Mi puño quedó suspendido en el aire, sin tocar la madera, el sonido de mi voz desapareció en el mismo instante en el que un aullido ocupó la noche. Luego, todo fue frío y oscuridad. Gritos y alaridos. Sentí como me alejaba de aquél plano.

Cuando desperté bajo un manto de ramas y hojas secas, sentí el entumecimiento de mis piernas, no podía moverlas, un peso cálido me lo impedía. Retiré aquellas ramas y pude ver de lo que se trataba. Una loba dormía plácidamente sobre ellas. Quise moverme lentamente para alejarme de allí. Antes de eso, ella se despertó y me miró fijamente. No había amenaza en sus fauces ni en su mirada.

Cortesía de Ginebra Blonde 

Regresé a la cabaña acompañada por la loba. Cuando me fui acercando pude comprobar el bullicio y el ajetreo formado por la policía, los padres de todos mis amigos y ellos mismos. Quise gritar, pero la voz no salió. Nadie podía verme. ¿Qué era yo?

Vago desde entonces en silencio, no sé cuántos Halloween han pasado. Solamente, y durante esa noche, mi voz resurge ante la puerta de alguien pronunciando su nombre, como en aquél juego macabro, pero esta vez no hay risas, solo miedo y más miedo. Quisiera acabar con este ritual y descansar, pero no sé cómo encontrar la paz. Dejar de ser una leyenda.



©Auroratris

 

 







Mi participación