Delirante: "Vísteme de amor, que estoy desnuda"
Puede que yo sea la apuesta, su apuesta. Él cree que
desconozco sus intenciones, lo cierto es, que ignora totalmente las mías. ¿Qué
importancia tienen los sentimientos en juegos así? Me dejé seducir para ver
hasta dónde podía llegar el sujeto. Comprobar cuáles eran sus armas para
después mostrar las mías.
Hace tiempo que me siento vigilada. Mis alarmas se
despertaron una mañana en la cafetería de siempre, el mismo tipo durante toda
la semana y con una mirada que te desnuda sin que lo percibas. Eso fue la
primera vez. Después me gustaba sentir esa sensación. La quemazón recorriéndome
la nuca, o el nacimiento de mi escote. Ese detalle fue el detonante para que yo
también me fijara en él.
No tardó mucho en lanzar el anzuelo para que yo picara
haciéndose el encontradizo. Llovía copiosamente esa noche. Olvidé el paraguas
en la guantera de mi coche. La salida del cine era un hervidero de gente
corriendo para evitar el chaparrón. Me refugié bajo la marquesina a esperar que
aflojara cuando, como un ángel caído del cielo, se presentó invitándome a
resguardarme bajo su amplio paraguas. Su mano tendida y su confiada sonrisa
fueron los guías para que me decidiera a dar el paso. Supe desde el primer minuto
que acceder seria el comienzo del juego.
Ya dentro de mi coche agradecí su gesto, le propuse acercarlo
donde me dijera, en caso de no tener cómo volver a su casa. Propuesta que
rechazó. En su lugar pidió una cita para cobrarse el favor. Toda la maquinaría
se puso en marcha en mi cabeza.
Mensajes, así mantuvo mi interés durante días. Unos más
correctos que otros, se notaba cómo tiraba y aflojaba poniéndome a prueba. Llegó
el día de la cita en cuestión. No ocurrió nada fuera de lo políticamente correcto
hasta que me propuso tomar la última copa en su casa. Algo que ya tenía
contemplado dentro de mi plan, por eso no me causó sorpresa alguna.
Subimos a su piso, un espacio totalmente impersonal. Le
pregunté si tenía intención de marcharse o es que llevaba poco tiempo en él. Me
respondió que nunca se queda en un sitio demasiado tiempo. Le sonreí
acercándome.
Al besarle, fui la primera en dar el paso. Desnudarle poco a
poco y a capricho fue provocando en él cierta impaciencia. Ante su asombro fui
dejando caer mis prendas hasta tumbarme totalmente desnuda sobre su cama. Puro ofrecimiento.
Su vocabulario se volvió seductor, lleno de palabras melosas
y alabanzas que me vestían con una caricia delirante,
esto hizo que bajara la guardia y sin pensar en lo que decía dejé escapar algo
que me negaba a reconocer durante este tiempo.
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"Vísteme
de amor, que estoy desnuda"
Sus dedos eran plumas hurgando entre mis pliegues, el peso
de su cuerpo apresaba al mío, sujetó mis brazos con vehemencia mientras dejé
que nuestras caderas se acoplaran para iniciar el rito que nos desarmara. El
placer tiene el don de restar importancia a las cosas y centrarnos en recibir
todas las descargas que ofrece. Las suyas y las mías fueron de alto voltaje. La
química siempre estuvo ahí.
La seducción no deja de ser una apuesta.
©Auroratris
Mi participación para la propuesta de Gustab
Las Tres Palabras
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