Mientras chirrían tus
arrugadas costuras de bronce, me voy posando sobre tu regazo y dejo que el
descuido de una caricia se pasee por mi lomo. Ambos estamos viejos y asustados.
Tú porque vives sumido en una ceguera impuesta y, yo porque sin ti vislumbro un
futuro incierto y oscuro. Me sumo en un sueño profundo al son de tu acompasada
respiración, tu pecho pareciera una hueca caja de latón a la cual se le cuela
el viento por sus débiles rendijas dejando un sonido silente que invita a dormitar. Si el cielo de los gatos existe, estoy seguro
de que ha de parecerse a estos momentos.
© Auroratris
Microrrelato para la Cadena
