Dígale, agente, que
no tuve más remedio que matarle… que sus ladridos podían delatarme y así ocurrió.
De otra manera, ahora mismo yo no estaría aquí sufriendo su inquisitivo
interrogatorio. Hágale saber que su perro llegó a morderme en el brazo, juzgue
usted mismo, mire el tamaño de la mordida y dígame si no es motivo para hacer
lo que hice. Tan solo quería dejarle un mensaje de buenas noches y mis mejores
deseos para el día siguiente. Si no llega a ser por ese chucho impertinente se
lo hubiera podido dar cara a cara haciéndole saber que pasara lo que pasara,
ella siempre será mía.
©Auroratris
Puesto que la frase inicial se prestaba a seguir con el anterior micro (Chitón) he preferido continuar en la misma línea.
Microrrelato en Cadena
La Ser