Quien se tomó primero
el café de los dos, fue Nerea, se encontraba tan nerviosa por la noticia que
ni siquiera reparó en que la bebida estaba muy caliente. Salió de estampida al
baño del local dejando a un Marcelo totalmente confundido. Este pensaba que no
debió haberle pedido una cita de manera tan inmediata, apenas si se conocían, solo
hacía un mes que ella era su secretaria. Cuando regresó a la mesa, Marcelo se
disculpó por el atrevimiento a lo que ella, muy resuelta, respondió que no
había sido por ese motivo. Acababa de saber que le había tocado la lotería.
Todo cuanto pueda decir sobre la obra de Alejandra Guzzini (Lunaroja) está dicho y comprobado por quienes la conocemos, soy consciente de que esta familia bloguera reconoce su capacidad para derramar emociones e impregnarnos con su misticismo, su verbo latiente y su poesía profunda. En este poemario, Alejandra se abre en canal y nos muestra a esa mujer, musa (im)perfecta que da a luz algo más que solo versos. Esta es la Alejandra que conocéis... Yo poseo a las dos: la Amiga y la Poeta.
Me ha costado mucho elegir un poema para destacar... todos y cada uno de ellos tiene un mensaje y una voz desde el alma.
Lo había presenciado infinitas veces, pero en esta ocasión
sería ella la que administrara el tratamiento al paciente con número de expediente 0666G.
Leyó su nombre en la hoja del historial y un escalofrío le erizó la nuca. Ese
nombre, sin decirle nada, le provocó toda la inquietud que ningún otro residente
logró desencadenar en ella.
Entró en la sala cuando Gustab, que así se llamaba, ya
estaba preparado para comenzar con aquél experimento. Antes de proceder la
avisaron de que no le mirara a los ojos. La mirada de un esquizofrénico
paranoide puede despertar múltiples sensaciones, una de ellas, pánico. La
blancura del lugar envolvió a todos cuantos allí se reunieron, pero solo ella
sintió el abismo.
Ignoró toda advertencia, administró la inyección
sosteniéndole la mirada. Registró cada estímulo que reflejaba el paciente. Éste convulsionaba a la vez que
mantenía la suya fija en la de ella. No había súplica en el gesto, se diría que
experimentaba una placentera sensación. Estaba convencida de que este medicamento de choque sería el adecuado a su diagnóstico.
Dejó de convulsionar, solo fue un momento en el cual
aprovechó para cerrar los ojos, sin ningún otro movimiento le reveló su nombre de
pila y su fecha de nacimiento: Mariam, 1912.
Pero es su letra, no
hay duda de eso. Podrá disimular cada vez que nos cruzamos por los pasillos, o
cuando tomamos el ascensor. Lo hace muy bien cuando está entre amigos, ni una
sola vez dirige una mirada hacia donde yo estoy. Su tono es neutro cada vez que
de mí algo requiere. Nunca me falla el instinto y este me dice que se trata de
él, son muchos años trabajando a su lado, nadie más sabe que hoy es mi
cumpleaños.
Quizás sea mejor no
llevarles la contraria cuando presentan un cuadro esquizofrénico. Este tipo
de enfermos mentales pueden llegar a ser sumamente agresivos. Fíjate cómo se
pasean por los pasillos sumidos en sus pensamientos. Parece que hablan con sus
teléfonos móviles, en realidad no hay nadie al otro lado de la línea. Lo de la
bata blanca es para despistar creando un ambiente de falsos conocimientos. Mi
consejo es que asientas a todo cuento dicen, te tomes la famosa pastilla y tras
mostrar la lengua te retires a tu rincón hasta que se olviden de ti.
La noche en un Casino
puede ser eterna o sumamente fugaz. Podría contar miles de historias que he
presenciado o, simplemente vivido en mi propia persona. Desde mi posición de Croupier he llegado a conocer a muchos
hombres a través de su lenguaje corporal o, verbal, también a mujeres, ellas no se quedan
atrás a la hora de pronunciarse. Un privilegio ser una mera espectadora de
primera fila.
El cinismo es uno de los platos que se sirve de distintas
maneras. La jactancia al venderse como un producto nuevo y original, desprestigiando
así al resto del mercado. Esto me lleva a pensar que una mesa de juegos no dista
mucho de la misma vida. Personajes que alardean, otros que se esconden… y
siempre están los que ven la oportunidad para desprestigiar al que esa noche ha
tenido un golpe de suerte o, jactarse de su buen actuar.
Por mi trabajo no me permito intimar con ningún cliente
dentro del local, pero, más de una vez me he tenido que contener para no saltar
a la primera, contrarrestando los argumentos con similar palabrería, eso sería
ponerme a la misma altura. Por lo tanto, agradezco que este puesto me ayude a
controlar mi parte temeraria y no quedar expuesta.
Llegado el momento de regresar a casa siento la necesidad de
regalarme una gran respiración profunda y exhalar ese pensamiento que mantengo
todo el tiempo:
“No te preocupes por lo que la gente piensa, no lo hacen muy
a menudo” del maestro del cinismo el Dr. House.