Todo cuanto pueda decir sobre la obra de Alejandra Guzzini (Lunaroja) está dicho y comprobado por quienes la conocemos, soy consciente de que esta familia bloguera reconoce su capacidad para derramar emociones e impregnarnos con su misticismo, su verbo latiente y su poesía profunda. En este poemario, Alejandra se abre en canal y nos muestra a esa mujer, musa (im)perfecta que da a luz algo más que solo versos. Esta es la Alejandra que conocéis... Yo poseo a las dos: la Amiga y la Poeta.
Me ha costado mucho elegir un poema para destacar... todos y cada uno de ellos tiene un mensaje y una voz desde el alma.
Enhorabuena, mi querida amiga.
Peor que el olvido
Qué solo
quedó tu perfil,
ese que no conocí.
Qué solos
esos ojos,
ángeles perdidos
que no supieron mirarme.
Qué definitivo
el color que negó el encuentro
y qué indomables
las lunas que torcieron
el destino.
Ni tú ni yo
supimos romper el hechizo
del destiempo.
La historia
nos soltó de la mano.
Yo caí
en un campo de amapolas
del pasado,
y a ti te reclamó el mar
con su oleaje inmediato.
Como paralelas imposibles
nuestros besos se cruzaron,
y los labios
que por un instante
desearon lo imposible
se cerraron esperando
ese tiempo
que fue peor que el olvido.
*Alejandra Guzzini*
Desde mi voz
Verbo (Tú)
Tú, el verbo
(haces agua de mi boca),
indagando el espacio
de mis ganas,
cuando todo
parece sucumbir
a tu olor y al mío.
Eres
la piel que no toqué
y en la que me ahogo
sin tenerte.
Es el perfil de tu boca
(que tanto deseo)
apoyada
en el marco de mi pelvis.
Es el momento
en que me expando
(como caracola de luz)
por el temblor inmaculado de tu cuerpo.
Me quedaré en el hueco de tus brazos
y tu palabra voraz
derramará sobre mi boca
la humedad exacta
que haga florecer
mi sexo,
desatando
las hilachas
de mis huesos.
Elevándome como un cometa,
haciéndome campana
desde la oscuridad
más abismal
hasta la perfecta luz
de tu mirada.
*Alejandra Guzzini*
Desde mi voz
Autorretrato
Desde la mirada
más poética de la lucha,
y en el otoño de mi vida,
el alma
se engrandece de gozo.
He caminado torpemente
enarbolando espadas
que no me pertenecían.
Pesadas y oscuras,
poderosas e hirientes
que solo lograron
doblegar mi cuerpo.
Pero mi sangre...
Mi sangre rugía sin piedad,
con un clamor atroz
reivindicando mi vida
en cada guerra.
Y finalmente,
casi como si la humanidad
detuviera su paso
--automatizado y febirl--
el amor amaneció.
Cargado de esperanzas,
inundándome de luz,
recogiendo cada trozo herido
de mi carne.
Besando silenciosamente
mis párpados.
*Alejandra Guzzini*
Desde mi voz