Muchísimas gracias mi querida María Dorada.
En la serenidad de las horas
se cuelan los versos por su
ventana
para posarse en el iris de sus
sueños.
Son versos marcando la
improvisación,
cincelando el tul del tiempo,
desnudando sus latidos.
Cruzando el horizonte,
abrigando las emociones,
acompasando los suspiros.
Y voy trenzando de oro
la mejor de las sonrisas para su
día
entonando para Auro música del
alma.
©María
