Es tarde para lamentaciones, querido. Tuviste tiempo para
cambiar los billetes y viajar juntos a París. ahora solo me queda la esperanza
de que lo hagas y te reúnas conmigo la noche de mi cumpleaños. Te estaré esperando
junto al Monumento al Soldado Desconocido. Si no acudes, lo entenderé todo.
Estoy rellenando la solicitud que me dará la oportunidad de
empezar otra nueva vida como maestra en una vieja Escuela de Atenas, nada que ver con aquella sensación que me albergaba cuando
juntos preparábamos nuestras próximas Vacaciones en Roma.
Todavía recuerdo la primera noche en aquella
pequeña habitación de hotel, nuestra pasión era mucho más grande que la propia
cama y, entre risas la bautizamos como Pasiones Romanas.El amanecer nos
sorprendió cuando todavía nos bebíamos a besos el uno al otro. Qué nos
importaba las dimensiones de aquél cuarto mientras nos tuviéramos. Estoy segura
de que durante aquella semana fuimos la envidia de los grandes dioses del Olimpo.De
ese viaje siempre traje el recuerdo de sentirme como Psique en los brazos de su Eros. El amor tenía nombre propio y fueron los nuestros.
Tal vez no llegáramos
a conocer todos los monumentos que la ciudad ofrecía, pero siempre me quedaré
con aquella vieja tienda de antigüedades donde adquirimos ese extraño cascanueces que bien parecía un instrumento de tortura. Tú bromeabas con la idea de
que no nos dejarían subir con semejante aparato al avión, que nos detendrían por
amenaza a lo estético.
Sigo
completando el formulario mientras tarareo la banda sonora de aquellas
vacaciones. Desde entonces yo me aficioné a la música clásica y tú empezaste a
firmar nuestros correos como Caruso.
Presiento que este nuevo destino tiene algo mágico que nos
aguarda y pronto nos lo revelará. Mientras
tanto cuento los minutos hasta nuestro próximo reencuentro y poder continuar
con nuestra historia allí donde la dejamos. Bacio per bacio, non è caro?
No niego que tenía “urgencia” por <<devorar>>
este libro. La mayoría de vosotros bien sabéis el motivo, nuestra querida
Ginebra nos invita a formar parte de su precioso Sueño. Me siento muy orgullosa
de haceros llegar esta humilde presentación y sobre todo, de tenerla como
amiga.
Leerla en estos
tiempos que estamos viviendo, en esta realidad que ahora mismo nos acontece, se
puede decir con total seguridad que muchas veces la realidad supera a la
ficción. Una pandemia, la incongruencia y el caos están servidos. Ahora más que
nunca, quien tenga este libro en sus manos no necesitará de mucha imaginación para
ver reflejado este sinsentido ya que, por desgracia el que más y el que menos
lo está viviendo en su día a día.
Desde el prólogo ella tiende su mano y nos convida a
adentrarnos en la aventura que está por descubrir. Ginebra nos presenta de
manera muy personalizada a cada uno de los distintos personajes. Pero, sobre
todo, dos mujeres, dos protagonistas en donde recae todo el peso de la acción. A
través de ellas y sus reflexiones, la manera de ver la vida y la muerte, la
situación real y las distintas posibilidades de atajarla. Sus palabras, como si
de una sola persona se tratara, son el complemento donde se apoya el resto de
vidas que van surgiendo. Como una red de conexiones donde te das cuenta que
cada personaje es el complemento del anterior.
En toda la trama no he podido evitar verla a ella, sus
palabras, su fuerza, su talento y su creatividad y es que, ya nos avisó de que
estaba compuesta por pinceladas de su vida. Una narrativa rica en vocabulario,
términos que nos trasladan a otra cultura tan noble y honorífica como ella
misma lo es. La portada bien la representa, tanto a Ginebra como a los
elementos que aparecen en la novela.
He querido saborear cada fragmento. Retener el
maravilloso mensaje que no deja de latir en toda la obra. Es de imperiosa
necesidad felicitarla, darle mi más sincera enhorabuena pues ha logrado de
manera fehaciente que me emocione, ría, llore como una boba y… sobre todo, que me
haga partícipe de esta historia donde en ningún momento baja de intensidad e
interés.
¡¡¡¡ENHORABUENA,
MI QUERIDA GINE!!!!
Las despedidas siempre son
evocadoras; son como ese libro que acabas de leer y que guardas en la
biblioteca siendo consciente de que lo que encierran sus páginas seguirá
formando parte de tu pensamiento, alimentando de alguna manera todas esas
emociones que te proporcionó. Sabemos que volveremos a vernos; es parte de
nuestros planes de vida, de esa vida que parece que ahora comienza, pero mucho
más curtida y arraigada a todos los sentimientos que surgieron y se
fortificaron en el trayecto de esta historia. (Juliet)
Nunca pude
pensar que un escueto mensaje diera paso a un divertido juego haciendo que este
estado de confinamiento fuese más excitante. Un número desconocido salta en la
pantalla del móvil preguntándome que cómo lo llevo y qué tal me encuentro. Mi
respuesta era de esperar:
No sé quién eres.
¿Me has borrado?, ya veo que has
tardado poco tiempo en hacerlo. –Sentí su molestia.
Me encuentro bien, gracias.
Ahora, ¿puedo saber quién eres? –Me apresuré a decir.
Uno que estuvo cerca de ti hace
un tiempo. –Siguió jugando al escondite.
Vale… espero que tú también te
encuentres bien. –Me empecé a exasperar.
Unos cuantos
mensajes después me dijo de quien se trataba, entonces me relajé. ¿Cómo
olvidarle? –Hice limpieza de los contactos silenciosos. Así le dije. No sé cómo
empezamos el coqueteo, como siempre, él acaba enredándome o, simplemente me
dejo enredar.
Cuéntame qué llevabas el primer
día de confinamiento. –Dijo burlón.
Una onza de chocolate, na-da
más. –Maticé.
¿Y el segundo? Suponiendo que
acabaras con todo el chocolate.
Hice una llamada para que
trajeran unas compras y entre ellas… más chocolate. -Dije imaginando su
expresión.
Mmmmm, me gusta. ¿El tercero
también comiste chocolate? –Pura provocación.
Solté una carcajada antes de
responder que estuve todo el día tarareando una vieja y conocida canción,
también por él.
Ya sé, y el cuarto seguiste con
la resaca de esa canción, ¿no es así?
Pues no. –Respondí de manera
espontánea. Estuve pensando en una mirada, una de esas que te desnudan antes de
ponerte una mano sobre la ropa. –Ya lo tenía donde quería.
Entonces no me has olvidado aun
borrando mi número, señorita. –Se puso meloso antes de preguntar por mi quinto
día.
Me acompañó un recuerdo, ¿sabes?
Uno tan bonito que hasta me puso de buen humor. –Le sonreí con un emoticono.
Espero haber sido ese recuerdo,
¿lo fui? O, ¿me pensaste en tu sexto día?
Me temo que no…, pero sí que te
recordé al leer la historia del libro que tengo entre manos. –Emoticono de
carita feliz.
Y si, ¿te llamo y hablamos sobre
el séptimo día y te cuento mi semana pensando en ti? –Imaginé toda su descarga
sensual.
El séptimo día debería haber
descansado, sin embargo, estuve escribiendo porque sabes que adoro hacerlo
sobre todo en los días de lluvia. ¿Recuerdas cuando lo hacía sobre tu espalda?
–Le dije obviando la pregunta.
Coge la llamada, tenemos que
hablar sobre todo esto. –Este último mensaje dio paso a una larga e intensa
conversación.